¿Quiénes eran los garífunas antes de 1797?

Para entender la expulsión de 1797 hay que retroceder al siglo XVII. Los garífunas, entonces llamados caribes negros o Garinagu, habitaban la isla de Yurumein (hoy San Vicente), en el Caribe Oriental. Eran el resultado de siglos de convivencia, alianza y mestizaje entre los pueblos arahuacos y caribes insulares originarios de la isla, y los africanos esclavizados que escaparon de naufragios o huyeron de plantaciones vecinas desde mediados del siglo XVII.

A diferencia de la mayor parte del Caribe, San Vicente nunca fue colonizada de forma estable por ninguna potencia europea durante mucho tiempo. Los caribes negros la defendieron con fiereza. Eso los convirtió en un símbolo de libertad, pero también en una amenaza para el orden colonial.

Las tres razones por las que los británicos querían sacarlos

Cuando Gran Bretaña asumió control formal de San Vicente a partir de 1763 (Tratado de París), encontró que la isla más fértil ya estaba ocupada. Los garífunas controlaban el interior y la costa oeste: exactamente donde mejor crecía la caña de azúcar.

1. Codicia territorial: Las tierras altas de barlovento en San Vicente eran ideales para plantaciones de azúcar, el cultivo más rentable del siglo XVIII. Los colonos británicos no podían expandirse sin quitarles esas tierras a los garífunas.

2. Inesclavizabilidad: Los garífunas tenían una larga tradición guerrera y nunca habían sido sometidos. Intentar esclavizarlos hubiera costado más de lo que cualquier plantación podría rendir. No eran una mano de obra disponible como las poblaciones africanas ya traumatizadas por la trata.

3. El efecto ejemplo: En una región donde la esclavitud era la base económica, un pueblo de africanos libres, armados y dueños de su tierra era políticamente intolerable. Cada vez que un esclavo escapaba de Barbados, Granada o Trinidad, sabía que en San Vicente había gente como él viviendo libre. Los plantadores lo llamaban "mal ejemplo". En términos modernos: era un imán para la resistencia.

Las Guerras Caribes: la resistencia armada (1769–1796)

Los garífunas no esperaron ser expulsados. Combatieron en dos grandes guerras:

La Primera Guerra Caribe (1769–1773) terminó con un tratado que les cedía formalmente parte de la isla. Pero los británicos lo violaron en menos de una década, expandiendo plantaciones hacia las zonas asignadas.

La Segunda Guerra Caribe (1795–1797) fue la más intensa. El líder garífuna Joseph Satuyé —llamado también Chatoyer, su nombre de guerra— formó una alianza estratégica con Francia, que estaba en guerra con Gran Bretaña. Satuyé comprendió que si Francia ganaba, tendría un aliado que reconocería su autonomía. La rebelión tomó casi toda la isla. Los británicos tuvieron que enviar refuerzos masivos desde otras colonias.

Satuyé murió el 14 de marzo de 1795 en combate, en el Morne Garou, durante un enfrentamiento con tropas del mayor Alexander Leith. Su muerte fue un golpe enorme, pero la resistencia continuó más de dos años después. No fue derrotado: fue traicionado por las circunstancias geopolíticas. Cuando Napoleón firmó la paz con Gran Bretaña, los garífunas quedaron solos.

La deportación: Baliceaux y el horror del trayecto

En junio de 1796 los británicos capturaron a los últimos combatientes. Más de 5,000 garífunas —hombres, mujeres, niños y ancianos— fueron trasladados a la pequeña y árida isla de Baliceaux, a pocos kilómetros de San Vicente.

Baliceaux no tenía agua dulce suficiente ni condiciones para albergar a esa cantidad de personas. Durante casi nueve meses de espera, mientras los británicos decidían qué hacer con ellos, murieron aproximadamente 2,500 garífunas: más de la mitad de los deportados. Murieron de disuría, disentería, hambre y de lo que hoy llamaríamos enfermedades relacionadas con el hacinamiento y la deshidratación.

El 11 de marzo de 1797 zarparon cuatro fragatas británicas con los sobrevivientes: 2,026 personas según los registros oficiales. La travesía duró más de un mes. El 12 de abril de 1797 los barcos anclaron frente a Roatán, la isla más grande del archipiélago de las Islas de la Bahía, frente a la costa norte de Honduras.

¿Por qué los dejaron en Roatán y no en otro lugar?

Roatán era entonces una isla prácticamente despoblada, con escasa presencia española. Los británicos calcularon que al dejarlos ahí resolvían dos problemas: se deshacían de los garífunas y los colocaban en territorio de su rival, España. Una jugada geopolítica disfrazada de deportación humanitaria.

Lo que los británicos no calcularon fue la capacidad de adaptación garífuna. En pocos meses, los sobrevivientes negociaron con las autoridades españolas de Trujillo y obtuvieron permiso para asentarse en la costa continental. Fundaron comunidades en Trujillo, Punta Gorda, Cristales, Río Negro y otros puntos a lo largo del litoral atlántico de Honduras, Belice y Guatemala.

El legado: de la expulsión a la diáspora global

Lo que los británicos concibieron como una eliminación se convirtió en la semilla de una diáspora continental. Desde esas primeras comunidades en la costa hondureña, los garífunas se expandieron hacia Belice (donde fundaron Dangriga y otras comunidades), Guatemala (Livingston), Nicaragua y, en el siglo XX, hacia Nueva York, Nueva Orleans, Los Ángeles, Miami y Houston.

En 2001 la UNESCO declaró la lengua, danza y música garífuna Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo precisamente esa capacidad de sobrevivir, adaptarse y mantener la identidad a pesar del despojo.

El 12 de abril se celebra cada año como el Día de la Llegada Garífuna a Honduras. No es una fecha de conquista sino de supervivencia.

La Expulsión Garífuna de 1797: Por Qué los Británicos los Desterraron de San Vicente

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